Visión del mercado

El auge del mercado laboral

Las cifras de la semana pasada muestran la situación extremamente estable del mercado laboral en Estados Unidos. La tasa de paro se sitúa en un nivel históricamente bajo del 3,6%. Al mismo tiempo, las solicitudes existentes de subsidios por desempleo cayeron a su nivel más bajo desde diciembre de 1969, lo que tensa aún más el mercado laboral estadounidense. Cada vez más trabajadores dejan sus empleos para encontrar otros mejor remunerados. Al mismo tiempo, los empresarios cada vez despiden menos debido a la escasez de mano de obra. Según las encuestas, el número de pequeñas y medianas empresas que no pueden encontrar nuevos trabajadores aumenta sin cesar. Esto provoca un aumento general de los costes laborales. En los últimos cuatro trimestres, los costes laborales han aumentado un 8,2%, la mayor tasa desde la época de la última gran crisis del petróleo en 1982. Afortunadamente, el número de personas nuevas que se incorporan al mercado laboral ha repuntado un poco, ya que la tasa de activación del grupo de edad de 25 a 54 años se ha recuperado hasta aproximarse a los niveles de antes de la crisis de la COVID. Sin embargo, en el grupo de los mayores de 54 años, cada vez hay menos personas motivadas para trabajar.

En consecuencia, muchos estadounidenses tienen actualmente unos empleos bien remunerados. Sin embargo, las encuestas de confianza de los consumidores muestran que sus ánimos se están viendo afectados por los altos precios y la elevada tasa de inflación, de más del 8%. Cuando se les pregunta si es un buen momento para comprar una casa, un coche o grandes electrodomésticos, la mayoría de los encuestados se muestran escépticos.

Por lo tanto, Estados Unidos se encuentra en una situación con muchas características de una expansión económica. Para encontrar situaciones comparables, habría que remontarse a las décadas de los 50, 60 u 80. Tradicionalmente, la seguridad del empleo y unos buenos salarios favorecen un gasto elevado de consumo, que es el principal motor de la economía estadounidense. Sin embargo, los altos precios de la energía junto con la subida de los tipos podrían actuar como un freno. Los tipos hipotecarios han subido hasta el 5,5% y los precios de la vivienda se están disparando. Los políticos y el banco central han reconocido la gravedad de la elevada inflación y están tratando de hacer todo lo posible para evitar que siga subiendo. Por lo tanto, las altísimas cifras actuales podrían representar un techo y retroceder a unos niveles más bajos en otoño, a lo que también contribuirían los efectos de base.

Asimismo, esto tendría un impacto en el resto del mundo. Reino Unido y la zona euro también tienen unas tasas de desempleo bajas y unos mercados laborales tensos en muchos sectores. Debe evitarse en la medida de lo posible que surja una espiral de precios y salarios. Si la inflación redujera su ritmo de crecimiento, las perspectivas de la segunda mitad del año podrían ser distintas. La atención se centraría entonces en evitar una recesión, ya que unas nuevas subidas de precios frenarían la economía y ejercerían presión sobre los beneficios empresariales. Los índices de gestores de compras de la semana pasada muestran que, en muchas áreas, sobre todo en el sector de los servicios, pero también en el manufacturero, ya se está desvaneciendo el esperado impulso de la reapertura postómicron. Esto es peligroso dada la previsión de que haya nuevas subidas de tipos, en un contexto en el que la economía ya se está viendo lastrada por el impacto psicológico de la guerra en Ucrania y los cuellos de botella de las cadenas de suministro. Debido a dichos cuellos de botella y a los consiguientes problemas de producción, la productividad en Estados Unidos cayó en el primer trimestre a un nivel no registrado desde 1947. En consecuencia, los mercados bursátiles son volátiles e inciertos. Sería importante contar con unas buenas perspectivas de crecimiento para el próximo año, pero los economistas hablan más bien de riesgos de recesión. Por lo tanto, lo único que queda de momento es mucha paciencia y la esperanza de que los bancos centrales consigan contribuir a la lucha contra la inflación.

Claves de la próxima semana

La próxima semana puede dar muchas pistas sobre cómo seguirá evolucionando la situación actual. Se seguirán con interés las publicaciones de datos de los precios al consumo y de la producción, de las ventas minoristas (miércoles) y de las nuevas construcciones de viviendas o permisos de construcción (a final de semana). Se teme que los precios de producción hayan seguido escalando por encima del 10%, por lo que la Fed estará en el punto de mira con su decisión sobre los tipos de interés, incluso más que el BCE la semana pasada. Se prevé que la Fed suba en 50 puntos básicos los tipos de referencia (Fed Funds). Pero, ¿será suficiente? Varios gobernadores del banco central están manteniendo un pulso sobre cuál es el tipo apropiado y cuál es el ritmo necesario para hacer frente a la inflación de forma duradera. El mercado anticipa 7 subidas de tipos de aquí a final de año, que la Fed ya ha anunciado en sus proyecciones. La situación sigue siendo tensa.

Aunque deseáramos el auge del mercado laboral, podría cambiar pronto su evolución. La clave del éxito seguirá siendo que la Fed proceda con suma habilidad.

Thomas Tilse

Claves de la próxima semana

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